SANGRE EN LA "U"
(Para el Diario Occidente)
Hernando Llano Ángel.
El Dr. Hernando Llano es colaborador
de la Fundación Foro Nacional por
Colombia del Capítulo
Regional Valle del Cauca.
Ha vuelto a correr la sangre en la “U”
del Valle. Como en tantas otras ocasiones,
sangre joven. Ha sido asesinado el estudiante
Johnny Silva Aranguren, de apenas 20 años,
en extrañas circunstancias que son
materia de investigación. Más
que extrañas, trágicas, puesto
que Silva sufría de una grave limitación
física que le impedía correr,
a raíz de “un trauma psicológico,
por un enfrentamiento de la guerrilla y
el ejército cerca de su vivienda
en Pitalito, que le generó problemas
motrices en las extremidades inferiores,
ocasionándole lentificación
al caminar”, desde los tres años,
según la declaración de su
padre, Wilmar Silva. Este acontecimiento
violento y traumático, diecisiete
años después, marca el final
de su vida, en un escenario insospechado:
frente al edificio de la Administración
de la “U”, a pocos metros de
la rectoría, cae mortalmente herido.
Según numerosos testimonios, fotografías
y material fílmico, el escuadrón
antimotines de la Policía ingresó
a la Universidad. El campus para el debate
y la razón degeneró en mortal
campo de persecución y revancha.
Frente a semejante escenario, el Presidente
Uribe, coincidencialmente en Cali, anuncia
que se llevará a cabo una “investigación”
y añade: “si se vuelven a presentar
estos hechos, se analizarán y si
es el caso, se autorizará para que
la Fuerza Pública entre a las universidades
y detengan a quienes alteren el orden público”.
Una respuesta similar a la que expresó
después de la masacre de los líderes
de la comunidad de Paz de San José
de Apartadó: “En la comunidad
de paz hay gente buena pero hay quienes
señalan a sus líderes como
auxiliadores de las FARC”. Ambas respuestas,
además de no lamentar ni condenar
la forma violenta como fue arrebatada la
vida a civiles inermes, son un aliciente
para que la violencia oficial cada día
avance y ocupe mayores espacios que son
propios de la civilidad y la razón.
Semejante militarización y criminalización
de la vida social, en nombre de una supuesta
seguridad democrática, nos está
conduciendo al abismo de la paranoia y el
miedo colectivo, convirtiendo en sospechoso
de ser terrorista a todo aquel que no aplauda
las opiniones y decisiones del Presidente
Uribe. Ya lo insinuó así el
prudente y eficiente Ministro de Política
y Justicia, Sabas Pretelt, al atribuir a
supuestas presiones de la guerrilla un hipotético
fallo adverso de la Corte Constitucional
sobre la reelección. Todo parece
indicar que nuestra sociedad está
girando en dirección mortal. Está
girando en “U”.
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