GIRO SUSTANCIAL
(Para
el Diario El País)
Fabio Velásquez Carrillo
La semana pasada el Presidente Uribe dijo
textualmente: "Si el Eln acepta entrar
en ese cese de hostilidades, que es el principio
de la búsqueda de la paz, yo les
reconozco lo que quieran. Y en este momento
digo: en aras de las superiores conveniencia
de la patria, depongo mis personales convicciones
y en nombre de la institución presidencial,
acepto que hay conflicto”.
No interesa en este momento pararle bolas
al asesor de cabecera del presidente, José
Obdulio Gaviria, a quien le encanta confundir
a la opinión pública con una
cantidad de maromas semánticas para
convencernos de que lo que dijo el presidente
no fue realmente lo que dijo, sino otra
cosa. El Doctor Gaviria se gana la vida
escribiéndole los discursos al presidente
y luego aclarando lo que él mismo
escribió, como lo hizo dos días
después de las declaraciones del
primer mandatario sobre el conflicto interno
al señalar que lo que realmente el
presidente dijo no es que aceptaba la existencia
del conflicto armado, sino que no “tendría”
inconveniente en aceptarlo, si se daban
ciertas condiciones. Y precisó: “tendría,
futuro condicional”.
No, realmente no es eso lo que interesa.
Lo importante es reconocer que el actual
gobierno ha cambiado de opinión en
cuanto a su política de seguridad
democrática. La declaración
del presidente muestra un giro radical en
la posición del Gobierno frente al
proceso de paz. Prueba de ello es la decisión
tomada la semana pasada de excarcelar por
tres meses a “Francisco Galán”,
miembro del Coce, del ELN, para facilitar
un nuevo diálogo de paz con el grupo
guerrillero, así como el comunicado
leído por Luis Carlos Restrepo, Comisionado
de Paz del presidente Uribe, en el que el
gobierno abre la posibilidad de un diálogo
con las FARC para conversar sobre un posible
intercambio humanitario.
Hace unos meses, estas decisiones eran impensables.
El gobierno insistía, primero, en
que los grupos guerrilleros eran terroristas
y que con terroristas no se podía
conversar. Había que acabarlos. Segundo,
que aquí no había conflicto
armado. Que eso era invento de los terroristas
y de las ONG de derechos humanos. Y tercero,
que el diálogo de paz sólo
con los grupos guerrilleros sólo
sería posible en el momento en que
el gobierno tuviera acorralada a la guerrilla
de tal manera que la única solución
posible para esta última fuera dialogar
“con el rabo entre las piernas”.
Las palabras de Uribe niegan esos tres dogmas
del actual gobierno. ¿Qué
razones pueden explicar ese giro, para muchos
inesperado? Una, con mucho piso en la realidad,
es que el presidente sigue en campaña
y que este discurso del diálogo modifica
su imagen de hombre duro y lo coloca como
el bondadoso presidente que está
dispuesto a dialogar, aún en contra
de sus convicciones, por el bien de la patria.
Es una estrategia electoral en momentos
en que la reelección está
cada vez más en duda.
Pero puede pensarse en una segunda hipótesis,
menos convincente, pero posible: el presidente
comprendió que el país no
quiere más política de tierra
arrasada con los grupos guerrilleros, sino
el diálogo para conseguir la paz
y la liberación de los secuestrados.
En otras palabras, que atiende las voces
nacionales e internacionales que claman
por un diálogo humanitario y por
iniciar conversiones con la guerrilla en
aras de una paz cercana.
Finalmente, una tercera hipótesis,
es la de que su política de seguridad
democrática fracasó pues,
aunque ha logrado detener la ofensiva guerrillera
que existía hace tres años
y crear un clima de menor inseguridad en
el país, no ha podido acabar con
el “terrorismo” ni ha podido
eliminar del territorio colombiano a los
grupos armados, a pesar de la cantidad de
plata que ha invertido el presidente en
su estrategia guerrera. Yo creo que la cosa
va por ahí, lo que evidentemente
le quita puntos al candidato Uribe en caso
de que se apruebe la reelección.
s.
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